Martín Luis Guzmán – El Águila y la Serpiente
Ese estado de cosas se reflejaba con enérgica elocuencia en los viajeros mismos, cómo si éstos fueran imágenes donde, transmutados los valores en cuanto a lo visible, las esencias se expresaran. A la destrucción -o si no, al desmedro profundo- del mecanismo material, del cuerpo del útil, correspondía un abajamiento, un deterioro de la espiritualidad de quienes todavía usaban el útil ya en ruinas.
[...]
En mi vagón muchos pasajeros habían acampado a lo largo del pasillo con igual libertad que si anduvieran por el monte. [...] Y esto de acampar en pleno tren, con descuido de las consideraciones individuales recíprocas, no parecían conocer más limite que el de las necesidades inmediatas de cada uno. Había hasta quienes encendían lumbre, improvisando anafres con pedazos de hojalata, sobre las huellas de terciopelo de los cojines. Y asimismo había de los que no querían esperar si encontraban cerradas las puertas de los excusados: para su uso cogían el sitio más próximo.
[...]
La propensión hacia lo bajo traía el ímpetu del alud, era irresistible: solo la violencia hubiera logrado contenerla.

esta geial leanla
sonrian